como siempre las ultimas de la fila
¿Y las mujeres del amianto?
28.01.10 - 01:12 -
En el astillero de Bazán reparando buques, en la refinería de petróleo de Repsol limpiando tuberías, o en el tejado de naves industriales colocando uralita, cientos de obreros respiraron durante años minúsculas partículas de un polvillo nocivo. Pero sus esposas también lo hicieron, al lavarles en casa unos monos de trabajo impregnados de amianto, un material prohibido desde 2002 y que causa asbestosis o cáncer de pleura, pulmón o abdomen a las tres décadas de una exposición prolongada a él.
Ante la falta de datos sobre la incidencia en la población femenina, la Asociación de Perjudicados por Enfermedades Provocadas por el Amianto de Cartagena (Apena) exigió ayer a las autoridades sanitarias hacer revisiones médicas a las potenciales afectadas.
El colectivo de damnificados, que preside el jubilado de Bazán (ahora Navantia) Julio Marín, calcula que en la Región hay unos 1.500 afectados por inhalación de un material usado como aislante térmico en casas, barcos o industrias hasta su prohibición legal en 2002. Además, habría unos 1.900 potenciales perjudicados.
Ni gafas ni mascarillas
«Cuando trabajábamos reparando buques nunca tuvimos gafas, ni mascarillas ni otra medida de seguridad en la manipulación del amianto. Como mucho, se intentaban extraer los residuos con mangueras que no hacían ninguna función», denunció Marín en el programa 'Protagonistas Región de Murcia', de Punto Radio.
Setenta personas forman parte de una asociación que acoge a hombres de 60 a 75 años de edad, prejubilados o jubilados de la antigua empresa de Bazán y Repsol. Este colectivo lleva siete años para que les reconozcan su dolencia como enfermedad profesional y les den no sólo compensaciones económicas, sino también una atención médica especial.
A raíz de la demanda de Francisco, un antiguo trabajador cartagenero de Bazán contra veintidós empresas de Estados Unidos que suministraban el amianto en buques llegados a la antigua Bazán, Apena ha denunciado las carencias en la atención a cientos de afectados y potenciales afectados en la Región de Murcia.
«Tras la muerte de nuestro compañero Antonio Martínez Picazo y las primeras sentencias que reconocían los perjuicios del amianto, decidimos asociarnos. Hemos logrado que nos hagan revisiones anuales en el Hospital del Rosell de Cartagena, pero quedan muchas cosas por hacer y una de las principales es que todas las mujeres de los obreros pasen análisis médicos y se haga un censo oficial», reclamó Julio Marín.
Éste solicitó también una mejora de los chequeos que realiza el servicio de Neumología del Rosell. Según explicó Marín, las revisiones consisten en un análisis de sangre, una radiografía o un escáner TAC y una espirometría. Ésta es una técnica de medición de la capacidad pulmonar y de seguimiento de las patologías respiratorias.
Segundo día de declaración
En cuanto al caso de Francisco, por segundo día consecutivo dio su testimonio a un tribunal de Pensilvania por videoconferencia desde el Hotel Alfonso XIII, adonde se han trasladado cuatro funcionarios americanos por el delicado estado de salud del denunciante. La declaración duró siete horas, repartidas entre la mañana y la tarde. Según fuentes judiciales, habrá sesiones hoy y mañana.

La Tafanera
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